LOS CAYOS DE FLORIDA, CAYO HUESO Destacado

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En el extremo sur de Florida se halla un archipiélago de más de 1700 islas tropicales que forman una angosta barrera natural entre el Océano Atlántico y el Golfo de México. Cayo Hueso o el Key West es la última isla habitada de esta espectacular extensión y un popular destino turístico entre los estadounidenses. Los Cayos o Keys crean un paraíso de playas de aguas turquesas, arrecifes de coral, senderos y parques naturales donde la recreación y el relax persisten en cualquier época del año. 

Por Nuria Araguás y A.B.S. 
Fotos Provided by https://fla-keys.com/key-west/

Tras la experiencia en la atractiva ciudad de Miami que os relatamos en el número anterior, realizamos una escapada a Los Cayos de Florida. Nuestro destino final: Cayo Hueso, donde pernoctaríamos dos días. No tenemos ninguna duda, de que la mejor manera de conocer este impresionante paraje es en automóvil, circulando por la popular US1, una carretera-puente construida sobre el agua que cruza de isla en isla. Una inolvidable travesía donde se disfruta tanto del camino como del destino y donde hay espacios habilitados para poder detener el vehículo y hacer miles de fotografías. Transitar sobre el agua con el Océano Atlántico a un lado y el Golfo de México al otro, es toda una experiencia en una ruta que no apetece terminar y que nos deja panorámicas difíciles de olvidar. El punto más señalado, es el Seven Mile Bridge, uno de los viaductos más atractivos del mundo. 

Hay que señalar que en la mayoría de los cayos la arena de la playa es importada, se repone regularmente en algunas ensenadas puesto que los arrecifes de coral previenen la erosión y también la acumulación de arena. Cabe mencionar, que no vamos a encontrar playas de olas, todo lo contrario, son aguas tranquilas y en muchas de ellas no cubre más de la rodilla.

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El primero de los cayos, el situado más al norte y el más grande, es Cayo Largo. Cayo Largo alberga el Parque Estatal del Arrecife de Coral John Pennekamp, así como el National Marine Sanctuary (a 10 km de la costa) frecuentado por los amantes del buceo y el snorkel para disfrutar del impactante entorno submarino. En este Santuario Marino se halla sumergido una réplica del “Cristo de las profundidades” ubicado en la costa italiana. 

En cuanto al Parque John Pennekamp nos ofrece emplazamientos para acampar y actividades como canoa, kayak, pesca y bicicleta. La costa alberga senderos naturales y un centro de rehabilitación para aves silvestres. En Cayo Largo sobresalen los ocurrentes y llamativos carteles publicitarios que se alinean a ambos lados junto a cafeterías y exóticas tiendas de corales, centros de buceo, surf y otras actividades acuáticas. En el trayecto, nos acompañó un sol resplandeciente que resaltaba el intenso azul turquesa del mar que se vislumbraba entre las bajas edificaciones.

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Poco después, atravesamos Islamorada, donde se asientan numerosas tiendas de pesca, ya que es conocida como una de las capitales de la pesca deportiva. Se puede alquilar un barco o participar en una ruta guiada para salir a pescar, practicar buceo o nadar entre la flora y fauna marina. El marisco y pescado fresco es la señal de identidad de la gastronomía de Islamorada, aunque en general es de todos los cayos. En el Centro “Rain Barrel” encontramos un complejo al aire libre con un jardín tropical rodeado de bonitas tiendas de artesanía local, galerías y boutiques que nos ofertan recuerdos únicos. Un lugar muy colorido para hacerse un selfi con “Betsy the Lobster”, una enorme escultura de la langosta más emblemática de los keys. Un sitio perfecto para llevarse un souvenir. También en el parque marino “Theater of the Sea” los visitantes pueden nadar con delfines y lobos marinos, conocer diversas tortugas y divertirse con un espectáculo de loros. 

Anne’s Beach se merece una parada. Es una paradisíaca playa gratuita de arena natural y aguas poco profundas, que fue devastada por el huracán Irma en 2017 y ha sido recientemente reabierta. Lleva el nombre de la ambientalista local Anne Eaton. Además de un bonito paseo marítimo y bosques de manglares, cuenta con zona de estacionamiento, mesas para picnic y servicios. En Anne’s Beach disfrutamos de un delicioso y largo baño en sus cálidas y cristalinas aguas. El paisaje es realmente idílico.

Unos dicen que Islamorada recibe su nombre por el extraordinario color de sus atardeceres. Otros por el color morado del nácar de las caracolas en las orillas. Como quiera que sea, quizá pernoctar una noche y explorar los alrededores no hubiera sido una mala idea, pero en nuestro caso debíamos continuar viaje a Cayo Hueso.

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El siguiente cayo de importancia que encontramos es Marathon donde se levanta el emblemático Seven Mile Bridge además de algunas atracciones ecológicas, como el Centro de Investigación de Delfines y un hospital de tortugas.

En la playa natural de Coco Plum se halla un espacio de anidación de tortugas en peligro de extinción junto a un área de humedales. El acceso puede estar restringido en ciertas zonas y épocas del año. Tiene instalaciones con un pabellón cubierto y baños. Playa Sombrero, también en la zona, es una playa bastante amplia y una buena elección para disfrutar del mar. Dispone de un parque infantil, mesas y parrillas, duchas y baños. Es asimismo un importante sitio de anidación de las tortugas marinas en peligro de extinción.

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Y por fin alcanzamos al emblemático Puente de las Siete Millas. Una obra de ingeniería (1978-1982) que se construyó debido a que el antiguo Puente del Ferrocarril (1909-1912) sufrió graves daños durante el huracán del Día del Trabajo de 1935 y el huracán Donna en 1960. Actualmente podemos ver el obsoleto puente partido que discurre en paralelo al Seven Mile Bridge. El puente viejo está abierto y se puede pasear por él. En el mes de abril, el Seven Mile Bridge cierra durante unas horas para conmemorar su reconstrucción con un Maratón en el que participan 1500 corredores. Cuando se terminó en 1982, se erigió como el puente más largo del mundo. Hoy en día es uno de los más extensos de América y conecta la ciudad de Marathon con Little Duck Key en los Cayos Bajos. Como ya hemos comentado esta travesía resulta todo un espectáculo. Mientras lo cruzábamos, un pequeño islote apareció en un lateral, se trataba de Pigeon Key o Cayo Paloma, un distrito histórico por haber sido el punto de partida en la construcción del Ferrocarril de la Costa Este de Florida. Varios edificios de la época permanecen en la isla. 

Justo al terminar el Puente de las Siete Millas encontramos otro valioso rincón, el Veterans Memorial Park, un lugar a tener en cuenta en el camino al Key West. Hay un cartel indicador con un pequeño aparcamiento donde una ensenada de algas de gran colorido y la fina arena crean pequeñas sendas que nos llevan a descubrir nuevas perspectivas. 

A unos 3 Km del Veterans Memorial existe una parada obligatoria, el Parque Estatal de Bahía Honda. 

Bahía Honda State Park abarca más de 500 acres y una isla en alta mar. Ofrece lugares para acampar y asolados bungalows donde alojarse en plena naturaleza con una abundante vida silvestre y marina. Es uno de los mejores lugares para practicar snorkel y caminar por la playa. Tiene tres bahías naturales de vegetación tropical y aguas transparentes. Un lugar ideal para contemplar y sumergirse en uno de los parajes más fotografiados con el puente antiguo y el nuevo. Dispone de una zona de baños, una tienda de regalos y senderos que muestran la rica vida autóctona. Paseando por el puente viejo, podremos ver tortugas, rayas o delfines nadando bajo las limpias aguas. Asimismo, Sandspur Beach nos dejó sin palabras, varios tipos de aves zancudas caminaron sin ningún reparo entre nosotros. Las playas de Bahía Honda fueron de las que más nos gustaron. 

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El siguiente cayo de interés es Big Pine Key que además de ofrecernos nuevamente actividades acuáticas, paseos en bote, pesca, buceo y esnórquel, tiene alguno de los mejores restaurantes de marisco de todos los Cayos.

En la gran extensión de pinares del National Key Deer Refuge, se puede admirar en libertad a un pequeño ciervo salvaje conocido como ciervo de Key, una especie en peligro de extinción que solo se encuentra en esta parte del mundo, por lo que su protección es de suma importancia.

Sin volver a realizar más pausas continuamos hasta el destino final, el Hotel Parrot Key en Cayo Hueso.  A pesar de que se encuentra a unos 4 Km del corazón de Key West no tuvimos problemas de movilidad al disponer de vehículo propio. También el hotel dispone de un minibús que realiza trayectos al centro de la ciudad. El hotel resultó un lujo, con cuidados jardines, buen servicio y unas villas-apartamentos extraordinarios. Con muy buenas imágenes recogidas a lo largo del día y las ya inmortalizadas en la memoria, nos retiramos a un merecido descanso. Temprano, el día siguiente lo dedicaríamos a descubrir Key West. 

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Cayo Hueso es encantador, sobre todo su centro histórico. Por las calles principales encontramos casas coloniales de color pastel, que alguna vez hemos visto todos en la televisión. Con tejados de varias vertientes, techos altos, porches de columnas y balcones de balaustrada en torno a la puerta principal donde se observan hamacas y balancines. Muchas de estas viviendas son hotelitos, tiendas de regalos, de ropa o artesanía, presentadas con un gusto exquisito. 

La calle comercial Duval Street, de unos 2km, es la más famosa del Key West. Una calle animada y bulliciosa, sobre todo de noche, que cuenta con numerosos bares y restaurantes abarrotados de turistas y lugareños. Observamos una evidente influencia de la cultura cubana, al encontrar rincones con mostradores al aire libre para tomar el típico café cubano que se prepara azucarado. No es de extrañar, ya que Cuba se halla a tan sólo 90 millas desde el Southernmost Point, un punto emblemático donde suele haber cola para hacerse una foto.

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Otro lugar de interés es la Casa Museo de Ernest Hemingway situada muy cerca del faro, en el 907 Whitehead Street. Fue la residencia durante 10 años de uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XX y Premio Nobel de literatura en 1954. La casa, construida en 1851 es una de las más antiguas de Key West y está rodeada de exuberantes jardines guardando la arquitectura típica de la isla. Todo un retroceso en el tiempo, testigo de un período en la vida del escritor.

Nos admira el esfuerzo por la conservación de rincones al más puro estilo sureño, que en definitiva es lo que ha dotado a Cayo Hueso de una belleza singular. También peculiar resulta, toparnos con uno de los simpáticos gallos de Cayo Hueso. Estos gallos son al parecer una herencia del pasado, ya que cuando a los cubanos se les prohibió organizar peleas de gallos en los 70’, en protesta a esa ley éstos les soltaron. Hoy en día están protegidos y merodean por toda la isla. Encontramos, asimismo, tiendecitas muy originales donde se exhiben mandíbulas de tiburón, peces de colores o divertidas placas de matrícula, donde es bastante grato entrar a curiosear.

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Por otro lado, el paseo marítimo es muy agradable, entretenido y está muy bien cuidado. Caminamos sobre muelles de madera que desembocan en pequeños puertos náuticos. Encontramos restaurantes, cafeterías, tiendecitas de regalos, surf y ropa, así como varios puntos donde se ofertan todo tipo de actividades de agua y excursiones en barco. Es sorprendente la variedad de opciones de recreo para todos los gustos. Probamos unas tapas de marisco y pescado fresco al estilo Key West en un espacioso restaurante de grandes balcones abiertos al mar, el Conch Republic Seafood Company. Tiene una cocina especiada y muy sabrosa que nos encantó. 

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Como habitualmente solemos hacer en casi todos los viajes, recurrimos al alquiler de bicicletas que nos permiten realizar recorridos de una forma cómoda. Descubrimos nuevas callejuelas del casco antiguo, como Little White House, la casa del expresidente de los Estados Unidos Harry S. Truman. En ella se exponen documentos, fotografías y muebles originales de la época.

Volvimos a adentramos de nuevo en otro de los tramos del paseo marítimo culminando la jornada sin haberlo programado, en la famosa celebración que se lleva a cabo cada atardecer en Mallory Square. Una plaza frente al mar, donde el trasiego de veleros y goletas para coger la primera fila y admirar la puesta del sol es una constante. Ingeniosa resulta la aparición de una barcaza circular, que a modo chiringuito motorizado se pasea por el mar, mientras el grupo de clientes alza sus copas brindando por tan hermoso panorama. La plaza congrega vendedores, acróbatas, músicos callejeros y adivinos. Tomando un cóctel, sentados frente al mar, contemplamos una de las más bellas puestas de sol que recuerdo. Es una fiesta que no te puedes perder…

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Al caer la noche, Cayo Hueso nos presenta otra cara mágica. En estas fechas de noviembre, las luces de navidad hacen su aparición por todas partes. Sabemos que forma parte de la tradición americana, pero nunca lo habíamos vivido tan de cerca. Puertas, barandillas, tejados, ventanas, jardines, árboles, carteles, tiendas, hoteles, parques, quioscos, absolutamente todo, se ilumina con destellantes bombillas de vivos colores. Atónitos pedaleamos parando a fotografiar cada inmueble, en el que no queda absolutamente ningún elemento sin alumbrar. Una sorprendente decoración navideña al más puro estilo americano. Una vez dejamos las bicicletas en la tienda de alquiler, insertando la llave de los candados en un buzón tal y como nos habían explicado, recorrimos Duval Street en plena juerga nocturna. Nos dirigimos al emblemático Sloppy Joe´s Bar, un establecimiento con mucha historia situado en la esquina de Duval Street con Green Street desde 1937. Se puede comer, beber y tomar elaborados cócteles. Realiza conciertos de música en vivo y tiene instaladas webcams para indagar desde cualquier lugar el ambiente del que goza en tiempo real. Fue muy frecuentado por E. Hemingway. En Sloppy Joe´s Bar la diversión está asegurada.

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Después un día tan fructífero, nos retiramos al hotel a recuperar fuerzas, no sin antes programar, en la misma recepción, una excursión en catamarán para la mañana siguiente al arrecife de coral situado escasamente a una hora de la costa. Tras un nutritivo desayuno, nos esperaba un transfer con un grupo reducido de personas. Me encanta el mar y la experiencia fue realmente increíble. Disfrutamos tanto de la navegación en catamarán como del increíble fondo submarino del arrecife en un día de sol extraordinario. Durante la travesía avistamos una enorme tortuga por uno de los costados de la embarcación. Una vez tiraron el ancla, divisamos a cierta distancia un pequeño oleaje formando espuma contra algunos escollos que sobresalían del agua: era el arrecife. Nos dieron algunas normas y nos proporcionan el material que hemos de decir estaba en perfecto estado, unas gafas, aletas y un tubo de snorkel.

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A las 10 de la mañana el agua estaba un poco fría, pero una vez te has sumergido,  lo que percibimos,  nos hizo olvidar cualquier sensación térmica. Además, este arrecife puede ser explorado durante todo el año gracias a sus cálidas aguas tropicales. La sorprendente vida marina se manifestó nada más entrar: una especie de morena amarilla se contorneaba sobre la arena a unos pocos metros de nuestros pies, lo que nos dio un poco de pavor… pero continuamos buceando hasta a una especie de bosque de palmeras de grandes hojas verde brillante, clavadas en una finísima arena blanca. Con el vaivén de la corriente la imagen era un tanto surrealista. Permanecimos inmóviles observando singulares peces de colores de pequeño y gran tamaño, cada cual, de original forma y distinto diseño, algunos escudriñaban las rocas en busca de comida entrando y saliendo de la frondosa vegetación. Aparecieron majestuosos peces loro de tonalidad fascinante y un grupo de alargados pececillos en forma de palo flotaban a ras de la superficie. Alcanzamos una especie de desfiladero rocoso en el que tuvimos que encoger el estómago para no rozarnos, pasamos por una zona de corales rojos y anaranjados que nos dejó sin habla, había vida por donde miraras y por increíble que pareciese los pececillos no se asustaban, pudimos permanecer entre ellos como si fuéramos uno más. Fue realmente fantástico y con cada movimiento se divisaba un mundo nuevo.  En fin, un espectáculo del que no quieres salir y que a día de hoy aún permanece en la retina. El capitán tocó un cuerno, para marcar el fin de tan mágico episodio. De regreso nos ofrecieron frutos secos, cerveza, vino y refrescos.

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Una vez en el puerto recomendamos que se visite Sunset Watersports, es una empresa de actividades que puede mostraros la variedad de salidas y esparcimientos que realizan. Para nosotros fue una experiencia inolvidable. www.sunsetwatersportskeywest.com

A pesar de los dos intensos días, se hizo cortísima la estancia en el Key West y con mucho pesar dejamos lugares sin explorar como el Parque Estatal Fort Zachary Taylor que abrió sus puertas en 1973 y ofrece tanto historia como recreación. Alberga playas de gran belleza y un sendero natural que se puede recorrer en bicicleta. 

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Después del realizar el check out, sólo nos consolaba el admirable camino de vuelta que teníamos por delante, y que en esta ocasión nos enseñó los mágicos colores de la caída del sol atravesando los viaductos. Nos desviamos a Little Duck para curiosear un poco las mansiones y villas de los residentes. En esta zona predominan las palmeras y el mar hace entradas formando canales en el que los yates y barcos están atracados frente a las bonitas viviendas con jardines. Pasamos algunos puentecitos y llegamos a orillas del mar, donde grandes casas se edifican sobre pilares color pastel debido a las inundaciones. Vemos algún destrozo probablemente provocado por esta climatología. Nos sorprendieron los buzones que son muy originales, hechos en piedra o madera están esculpidos en forma de pelícano, delfín, morsa, o ballena, en esta época, alguno, además, lo encontramos disfrazado de Papa Noel.

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Y poco más contaros... ya que aquí terminó nuestro periplo, al día siguiente salíamos en el vuelo Miami-Madrid. Tan sólo recordar, que esta aventura comenzó en Chicago, continuó en Miami y terminaba aquí, en Los Cayos. Si lo habéis seguido, es un itinerario que francamente aconsejamos y que nunca imaginamos que nos dejara vivencias tan dispares. ¡Anotadlo!

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